PEDAGOGÍA Y COMPRENSIÓN

 Hablar de los delitos contra la libertad, integridad y formación sexuales, y en especial de la trata de personas y la explotación sexual, no puede hacerse solo desde los códigos o los decretos. Debe hacerse también desde la piel, desde la historia que vibra en los cuerpos y las voces de quienes han sufrido. La pedagogía, entonces, se convierte en una herramienta de justicia: enseña, sensibiliza y transforma.

Comprender la violencia sexual y la trata de personas exige primero romper con la distancia del lenguaje jurídico. Los artículos y las leyes son necesarios, sí, pero deben traducirse en palabras que toquen el corazón. La trata no es un concepto abstracto; es el viaje forzado de miles de mujeres, niñas y hombres a los que se les arrebata la libertad, se les convierte en mercancía, se les roba el nombre. La pedagogía del derecho debe contar esto no solo como una infracción legal, sino como una herida moral que atraviesa la dignidad humana.

En este sentido, enseñar sobre estos delitos significa enseñar sobre el valor de la autonomía, del consentimiento y del respeto. Significa mostrar que el cuerpo no puede ser objeto de comercio ni instrumento de poder. Implica explicar que cada norma, desde la Constitución de 1991 hasta la Ley 985 de 2005 sobre la trata de personas, no son simples documentos, sino pactos colectivos que protegen la vida y la libertad frente a quienes las violan.

Una pedagogía transformadora parte de la pregunta: ¿cómo hacer que una comunidad comprenda que estos delitos no son ajenos, que también la tocan? Aquí, el derecho se vuelve narración: relatos de mujeres que lograron romper silencios, de comunidades que acompañaron procesos de denuncia, de jueces y fiscales que aprendieron a mirar más allá de la letra fría de la ley. De esta manera, enseñar sobre la trata y la explotación sexual se convierte en un ejercicio de memoria, de reconocimiento y de reparación simbólica.

El maestro o la maestra que se acerque a este tema no enseña solo derecho penal: enseña empatía. Explica que detrás de un proceso judicial hay historias truncadas, sueños rotos, y al mismo tiempo, una posibilidad de renacer en la justicia. La pedagogía jurídica en este campo no busca solo formar juristas, sino ciudadanos conscientes que reconozcan las señales del abuso, del engaño y del sometimiento.

En los espacios educativos y comunitarios, la comprensión debe construirse desde ejemplos reales, desde metáforas que permitan entender el dolor sin revictimizar. Se puede decir que la trata es como un río oscuro que se lleva a las personas bajo promesas falsas y las encierra en jaulas invisibles. Y que la ley, cuando se aplica con conciencia, se convierte en la luz que ilumina ese cauce para rescatar a quienes están dentro.

Asimismo, la comprensión requiere vincular lo local con lo global. Las normas internacionales —como la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), la Convención de Palermo y sus Protocolos— no son documentos lejanos: son compromisos que Colombia asumió para proteger a quienes más lo necesitan. Enseñar su existencia es enseñar a reconocer que la justicia no tiene fronteras y que cada país tiene el deber de actuar con humanidad y firmeza frente a estas violencias.

Fuente: https://www.mediacionchile.com/2018/02/02/que-es-el-cedaw/


Finalmente, comprender es también prevenir. La pedagogía no se limita a explicar los delitos, sino que actúa antes de que ocurran. Educar sobre igualdad, sobre derechos sexuales y reproductivos, sobre el respeto por la diferencia, es una forma de prevención. Cada conversación, cada taller, cada lectura que permita reconocer los derechos propios y ajenos, es un muro levantado contra la explotación.

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